martes, 17 de mayo de 2016

(Caracas, 1943) Músico venezolano que figura entre los más destacados autores e intérpretes de la salsa y de la música caribeña en general. La carrera profesional de Óscar D'León se inició tardíamente: cuenta la leyenda que una noche, mientras visitaba un club nocturno allá por 1973, oyó decir que la banda que allí tocaba había sido despedida. Óscar aprovechó la oportunidad y ofreció su propia banda para reemplazar a la que se había ido.

Óscar D'León
El dueño aceptó y lo contrató para comenzar a tocar unos días más tarde. Sólo existía un problema: la banda estaba integrada en ese momento únicamente por el propio D'León. Rápidamente entró en contacto con el trombón César Monge, le contó lo sucedido y ambos pusieron manos a la obra para reunir una formación. La banda, finalmente, estuvo integrada por Óscar (voz y bajo, instrumento que había aprendido a tocar de manera autodidacta), César Monge (trombón), José Rodríguez (percusión), Enrique Iriarte (piano) y José Antonio Rojas (trombón).
Así se formó La Dimensión Latina, la primera orquesta de Óscar D'León. "Pensando en ti" fue el primero de la larga lista de éxitos de la orquesta. Cuatro años después, Óscar abandonó la formación, y fue sustituido por el puertorriqueño Andy Montáñez, vocalista que cantaba con el Gran Combo de Puerto Rico. Óscar volvió a la carga con su propia orquesta, La Salsa Mayor, con la que grabó un primer disco cuyo título fue el del nombre del grupo: La Salsa Mayor (1977). El trabajo resultó un gran éxito en su país, y poco a poco su nombre empezó a sonar a escala internacional. El año siguiente grabó el álbum El Más Grande, que contenía los temas "El baile del suavecito" y "Mi bajo y yo", y poco después realizó su primera visita a Nueva York para ofrecer unas actuaciones en directo.
Aparte de gran sonero, Óscar D'León es también un extraordinario showman. Casi siempre acompañado de su bajo, con el que toca y con el que baila como si se tratara de una pareja, Óscar se mueve con gran habilidad por el escenario. En Venezuela, Óscar D'León es un ídolo, no solamente como cantante y como músico, sino también como modelo de hombre forjado a sí mismo que, desde una posición muy humilde, logra la fama y el éxito a escala internacional. Se le considera uno de los mejores intérpretes de la música afrolatina de todos los tiempos y se encuentra sin duda entre los artistas venezolanos con más proyección en el exterior.
A pesar de haber pasado por varias etapas en el desarrollo de la música latina, el estilo de Óscar D'León, siempre inconfundible, ha mantenido unas constantes que le han permitido asegurar la fidelidad de su amplísimo público. D'León ha grabado con las estrellas más destacadas de la salsa; entre sus colaboraciones, que pueden reseguirse en más de medio centenar de álbumes, destaca su participación en The Mambo King, el larga duración número cien del legendario Tito Puente.


(Marco Antonio Muñiz; Nueva York, 1969) Cantante y actor puertorriqueño, uno de los más exitosos intérpretes dentro del género musical de la salsa.

Marc Anthony
Marco Antonio Muñiz creció entre los diversos ritmos que inundan la metrópoli neoyorquina, especialmente el rock y el rhythm & blues, y ya desde muy joven comenzó a cantar en locales y discotecas, en las que pronto adquirió popularidad. Después formó parte del coro del conjunto Latin Rascals. El productor de los Latin Rascals, Louie Vega, reparó en él y lo llamó para grabar varios álbumes con la firma discográfica Atlantic Records, de los que uno de ellos, Rebel, alcanzó cierto éxito en las listas de música disco.
En 1992 su compatriota Tito Puente le llevó como telonero para un concierto en el Madison Square Garden, aunque el auténtico lanzamiento de su carrera vino al año siguiente, con la grabación de un tema de Juan Gabriel en versión salsera que causó tal impacto en los círculos musicales de Nueva York que fue de inmediato reclamado para actuar en televisión y empezaron a lloverle ofertas de conciertos.
A partir de entonces Marc Anthony se erigió en el nuevo "rey de la salsa", tal y como lo calificó el New York Times, hecho ratificado por su liderazgo en las listas de ventas del género durante toda la década de 1990, así como por la tremenda fama que ha gozado entre el público hispano de toda América, incluido el de los Estados Unidos; en este país, donde también goza de muchos seguidores entre el público anglosajón, se convirtió en un fenómeno musical de masas comparable al que posteriormente tuvieron sus compatriotas Ricky Martin o Chayanne.
Paralelamente a su carrera musical, comenzó otra como actor, en la que sobresalieron sus papeles en los largometrajes Bringing out the Dead, de Martin Scorsese; Big Night, de Stanley Tucci; Hackers y The Capeman, un musical de Broadway dirigido por el cantante y compositor Paul Simon. También interpretó el tema principal de la banda sonora de La máscara del zorro(1998), película protagonizada por Antonio Banderas.

(Santurce, 1962) Cantante puertorriqueño. Apodado El Caballero de la Salsa, ha sido uno de los intérpretes más destacados del género, particularmente desde la década de 1990. Desde muy temprana edad se manifestó su afición a la música, que le llevó a organizar un primer conjunto de aficionados. Con sólo catorce años grabó ya sus primeras canciones, gracias al trompetista y director de orquesta Mario Ortiz. Su primer grupo como cantante profesional fue la Orquesta Grande; posteriormente, a raíz de una actuación en 1980 en homenaje a Eddie Palmieri, se unió a la banda de Tommy Olivencia, Después cantó un tiempo con la orquesta de Willie Rosario, con la que grabaría seis álbumes.

Gilberto Santa Rosa
En 1986 emprendió su carrera en solitario al frente de su propia orquesta dentro de la firma discográfica Combo Records, del productor Ralph Cartagena. Su primer disco como solista llevó el título de Good vibrations. A éste le siguieron tres trabajos más con la misma discográfica, que abandonó en 1990 para firmar por la CBS Records (después Sony Records). Ese mismo año salió publicado Punto de vista, un álbum de salsa romántica que fue disco de platino y número uno de las listas latinas gracias a sus exitosos temas Vivir sin ella y Perdóname. El disco le valió además el premio al mejor cantante latino concedido por el Billboard.
En 1991 su disco Perspectiva confirmó una brillante trayectoria artística y le abrió nuevos mercados. En mayo de este año debutó en España en una serie de conciertos en los que compartió escenario con los también caribeños Pete Rodríguez, Johnny Pacheco y Roberto Torres, y en septiembre realizó una gira centroeuropea igualmente exitosa. En 1992 grabó un disco en homenaje al cantante Tito Rodríguez titulado A dos tiempos de un tiempo. A este trabajo le siguieron Nace aquí (1993) y De cara al viento (1994), que sería su tarjeta de presentación en Japón, país que visitó en 1995. Tras la publicación de Esencia, en 1996, y De corazón, al año siguiente, en 1999 llegó su exitoso Expresión, disco que consolidó su posición en el mercado internacional de la música latina y que incluía bombazos como Déjate querer y especialmente Que alguien me diga, número uno del Billboard durante varias semanas.
Santa Rosa fue uno de los primeros intérpretes en fundir la música salsera con la clásica, con resultados como su conocido trabajo Salsa Sinfónica, que presentó en el Centro de Bellas Artes de su isla natal acompañado por la Orquesta Sinfónica Puertorriqueña. Además de esta histórica actuación, son muy recordados los conciertos dados por Santa Rosa en el Carnegie Hall de Nueva York en 1995 (que sería recogido en el disco en directo The man and his music); su actuación en el I Festival Presidente de la Música Latina (Santo Domingo, junio de 1997); o la presentación en el Lincoln Center de Nueva York junto a su compatriota Andy Montañez en julio de 1997.

(Ciudad de Panamá, 1948) Cantante y compositor de salsa panameño. Comenzó cantando en una banda de Rock & Roll junto a su hermano Roberto (también conocido intérprete en lengua inglesa). Tras los incidentes de 1963, en que soldados norteamericanos acabaron con la vida de veintiún compatriotas, dejó de cantar en inglés y retomó la tradición latina, grabando su primer álbum en 1969. Ese mismo año se trasladó a Nueva York para concluir sus estudios de derecho.

Ruben Blades
De regreso a Panamá, su carrera musical lo fue apartando de la abogacía y en 1974, decantándose definitivamente por los escenarios, regresó a Nueva York, auténtico epicentro de la movida salsera en aquellos años. Cantó en la banda de Ray Barretto y en 1976 inició una serie de grabaciones con el combo de Willie Colón; entre ellas sobresale Siembra (1977), el álbum de salsa más vendido de la historia, en la que figura además su canción más popular, Pedro Navaja. Le siguieron Maestra vida (1980) y Buscando América (1984).
En 1984 el comprometido Blades comenzó a grabar en solitario y, un par de años más tarde, realizó su primera aparición en una película, Crossover Dreams. Implicándose en actividades como la lucha antiapartheid, continuó su carrera en los ochenta, y en 1988 grabó Nothing but the truth, su primer álbum en inglés, con temas escritos con Lou Reed, Elvis Costello y Sting.
El balance de su carrera como actor puede considerarse positivo, pese a la alternancia de intervenciones en títulos tan dispares como Depredador 2 o Un lugar llamado Milagro, filme de crítica social dirigido por Robert Redford. Preocupado siempre por la realidad política y social de su país, en 1994 fundó el partido Movimiento Papa Egoró (Madre Tierra, en lengua embará) y se presentó como candidato a las elecciones presidenciales de mayo de ese año, obteniendo el 17 por ciento de los votos emitidos.

(La Habana, 1924 - Fort Lee, Estados Unidos, 2003) Cantante cubana, una de las más grandes intérpretes de música latina del siglo XX. Ya en la década de 1950 cobró popularidad como vocalista de La Sonora Matancera, una de las orquestas punteras de la Cuba de Batista; el advenimiento de la revolución cubana (1959) forzó su exilio a los Estados Unidos, donde se vinculó a los artistas latinos de Fania All-Stars e inició su carrera en solitario.

Celia Cruz
A lo largo de más de medio siglo de trayectoria artística, la indiscutibleReina de la Salsa grabó alrededor de setenta álbumes y ochocientas canciones, cosechó veintitrés discos de oro y recibió cinco premios Grammy. Mucho más relevantes, sin embargo, fueron las innumerables giras y conciertos que prodigó por incontables países y que hicieron de ella la embajadora mundial de la música cubana. Ciertamente, Celia Cruz será siempre recordada por aquellas sensacionales actuaciones en directo en las que desplegaba todo el magnetismo de su voz y de su arrolladora personalidad; conciertos en los que era imposible no bailar y no sentirse contagiado de su inagotable vitalidad y alegría.
Biografía
Celia Caridad Cruz Alfonso nació en el barrio de Santos Suárez de La Habana el 21 de octubre de 1924, si bien algunas fuentes señalan su nacimiento cuatro años antes, y otras en 1925, datos todos ellos de difícil comprobación dada la persistente negativa de la estrella a confesar su edad. Segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles, Simón Cruz, y del ama de casa Catalina Alfonso, Celia Cruz compartió su infancia con sus tres hermanos (Dolores, Gladys y Barbarito) y once primos, y sus quehaceres incluían arrullar con canciones de cuna a los más pequeños; así empezó a cantar.
Su madre, que tenía una voz espléndida, supo reconocer en ella la herencia de ese don cuando, con once o doce años, la niña cantó para un turista que, encantado con la interpretación, le compró un par de zapatos. Con otras canciones y nuevos forasteros, la pequeña Celia calzó a todos los niños de la casa. Después se dedicó a observar los bailes y las orquestas a través de las ventanas de los cafés cantantes, y no veía la hora de saltar al interior.
Sin embargo, sólo su madre aprobaba esa afición; su padre quería que fuese maestra, y Celia, no sin pesar, intentó satisfacerle y estudiar magisterio. Pero pudo más el corazón: cuando estaba a punto de terminar la carrera, la abandonó para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música. Ya por entonces cantaba y bailaba en las corralas habaneras y participaba en programas radiofónicos para aficionados, como La Hora del Té o La Corte Suprema del Aire, en los que obtenía primeros premios tales como un pastel o una cadena de plata, hasta que por su interpretación del tango Nostalgias recibió un pago de quince dólares en Radio García Cerrá.

Celia Cruz en los inicios de su carrera
Más tarde cantó en las orquestas Gloria Matancera y Sonora Caracas y formó parte del espectáculo Las mulatas de fuego, que recorrió Venezuela y México. En 1950, cuando ya había intervenido en varias emisoras, pasó a integrar el elenco del célebre cabaret Tropicana, donde la descubrió el director de La Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, y la contrató para reemplazar a Myrta Silva, la solista oficial de la orquesta. Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, La Sonora Matancera era por entonces una orquesta popular, bien conocida por su predilección por los ritmos negros y los sones de trompeta; con la incorporación como primera vocalista de Celia Cruz, que acabaría siendo el alma del grupo, la orquesta viviría su edad de oro.
La Sonora Matancera
A lo largo de los años cincuenta, Celia Cruz y La Sonora Matancera brillaron en la Cuba de Pío Leyva, Tito Gómez y Barbarito Díez; del irrepetible Benny Moré, del dúo Los Compadres, con Compay Primo (Lorenzo Hierrezuelo) yCompay Segundo; la Cuba de Chico O’Farril y su Sun sun babae, la Cuba de La conga de los Havana Cuban Boys, la de Miguel Matamoros con suMamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes, la de Miguelito Valdés con su Babalú... Celia Cruz aportó su Cao Cao Maní Picao, que se convirtió en un éxito, y otro tema posterior, Burundanga, la llevó a Nueva York en abril de 1957 para recoger su primer disco de oro. Se había ganado ya varios de los apodos y títulos con que quisieron distinguirla: fue la Reina Rumbala Guarachera de Oriente y, desde las primeras giras por México, Argentina, Venezuela o Colombia, la Guarachera de Cuba.
Era, en definitiva, la Cuba corrupta y bullanguera de los años cincuenta, sometida a la servil dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958). El 1 de enero de 1959, el dictador se vio obligado a refugiarse en la República Dominicana ante el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, y la orquesta tuvo que andar otros caminos. Aunque el mismo Fidel figuraba entre los admiradores de la cantante, Celia Cruz soportaba mal que le dijeran qué y dónde tenía que cantar. El 15 de julio de 1960, La Sonora Matancera en pleno consiguió el permiso para presentarse en México, y una vez allí, en parte impulsada por el grave deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, decidió no regresar.

Celia Cruz con los integrantes de La Sonora Matancera
Después de un año de aplausos en la capital azteca, Celia Cruz se establecía en Estados Unidos y sellaba su primer compromiso para actuar en el Palladium de Hollywood. Si bien declaró en aquellos días «he abandonado todo lo que más quería porque intuí enseguida que Fidel Castro quería implantar una dictadura comunista», su furibunda militancia anticastrista cristalizó después, a partir del 7 de abril de 1962, cuando supo de la muerte de su madre y no pudo entrar en la isla para asistir al entierro. Llegó a confesar incluso que estaba dispuesta a inmolarse haciendo estallar una bomba si con ello hacía desaparecer «al Comandante».
Tres meses después, el 14 de julio de 1962, Celia Cruz se casó con el primer trompetista de la orquesta, Pedro Knight, quien a partir de 1965, año en que ambos dejaron La Sonora Matancera, se convirtió en su representante. Celia Cruz inició su trayectoria como solista junto al percusionista Tito Puente, con el que grabó ocho álbumes. Los jóvenes hispanos de Nueva York la descubrieron en 1973 en el Carnegie Hall, cuando integraba el elenco de la «salsópera» Hommy, de Larry Harlow.
La Reina de la Salsa
Posteriormente participó en un legendario concierto grabado en vivo en el Yanquee Stadium con Fania All-Stars, un conjunto formado por líderes de grupos latinos (así llamados porque grababan para el sello Fania) que darían el impulso definitivo a un género musical que había venido gestándose en los últimos años: la salsa. La cantante cubana era ya una celebridad internacional cuando en 1974 grabó con el flautista dominicano Johnny Pacheco el disco Celia & Johnny, considerado el primer clásico del género.
Desde entonces, el éxito fue la constante de los centenares de conciertos coreados por un público entregado al grito de su Bemba colorá. Esa voz electrizante, su alegría contagiosa y el llamativo vestuario fueron pronto una bandera de identidad de los inmigrantes. Ella, a su vez, terminó por asumir el rol de estandarte del anticastrismo. Como tal, Celia Cruz quiso dejar su impronta también en el cine, y participó como actriz -ya lo había hecho varias veces como cantante- en Los reyes del mambo (1992) yCuando salí de Cuba (1995), porque ambas películas reflejaban historias de los primeros exiliados cubanos, en parte cercanas a su propia biografía.
Celia Cruz interpretando Quimbara con Fania All-Stars (Zaire, 1974)
«¡Azúcar!» era su potente grito infeccioso, la contraseña de apertura y cierre de sus conciertos y la clave para hacerse entender en todo el mundo. Difícilmente alguien ha bailado más y ha hecho bailar más que esta cubana de sonrisa vivaz y persistente que conquistó adeptos de todas las latitudes a lo largo de más de cincuenta años de triunfante trayectoria. Cantante de guarachas, danzones, sones y rumbas en sus comienzos, Celia Cruz siempre estuvo abierta a nuevas experiencias que la llevaron a abordar otros ritmos y a unirse a proyectos en principio arriesgados para una artista consagrada.
De este modo, no solamente se erigió en la imagen distintiva de la salsa con orquestas como las de Tito Puente, Willie Colón, Ray Barretto o Johnny Pacheco, sino que también llegó a cantar incluso rock o tango, y a unir su poderosa voz a la de intérpretes tan dispares como el británico David Byrne, el rumbero gitano Azuquita, el grupo argentino Los Fabulosos Cadillacs, los españoles Jarabe de Palo y el rapero haitiano Wyclef Jean, además de improvisar duetos con sus amigas Lola Flores y Gloria Estefan, con damas del soul como las estadounidenses Dionne Warwick o Patti LaBelle, y con el rey de la canción ranchera, el mexicano Vicente Fernández.
Enfundada en sus fastuosos y extravagantes vestidos, tocada con pelucas imposibles y encaramada sobre esos zapatos únicos de alto tacón inexistente, Celia Cruz conservó hasta el último momento una vitalidad insólita. Feliz con su flamante Grammy al mejor álbum de salsa por La negra tiene tumbao (2001), en el verano de 2002 celebró el cuadragésimo aniversario de su boda con Pedro Knight con una fiesta que le organizó la cantante Lolita Flores en Madrid.

Celia Cruz en el Madison Square Garden (Nueva York, 2000)
En noviembre, durante un concierto en el Hipódromo de las Américas de la capital mexicana, empezó a perder el control del habla. Al regresar a Estados Unidos se sometió a la extirpación de un tumor cerebral; desgraciadamente, la enfermedad no tenía remedio. Con el ruego expreso de que no se viera en ello una despedida, el 13 de marzo de 2003 apareció por última vez en público en el homenaje que la comunidad latina le tributó en el teatro Jackie Gleason de Miami. Por esos días, entre febrero y marzo, grabó un último disco que no llegaría a ver editado: Regalo del alma.
Se sentía optimista y con fuerzas, pero su dolencia pudo más que su portentosa energía: el 16 de julio de 2003 falleció en su casa en Fort Lee (Nueva Jersey), a los setenta y ocho años de edad. Miles de compatriotas desfilaron ante sus restos primero en Miami y luego en Nueva York, donde recibió sepultura. También los cubanos de la isla, pese a la prohibición oficial que había pesado sobre su música durante más de cuarenta años, lamentaron la desaparición de la más grande embajadora musical de Cuba. Pocos días después de su fallecimiento fue homenajeada por sus compañeros de profesión en la gala de entrega de los Grammy latinos.

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(Álvaro José Arroyo González; Cartagena de Indias, 1955 - Barranquilla, 2011) Compositor e intérprete colombiano, llamado El sonero de América. Aficionado a la música desde niño, a los ocho años ya cantaba en público; a los doce se había convertido en una de las voces del coro de la catedral y, al mismo tiempo, se ganaba la vida cantando en un local llamado La Tuerca.

Joe Arroyo
Posteriormente se trasladó a Barranquilla, ciudad en la que se unió a la orquesta La Protesta, que había sido creada en 1970. En 1971 se trasladó a Medellín para unirse a Fruko y su banda Tesos, con quienes interpretó algunos de sus grandes éxitos durante una temporada y realizó giras por Colombia, Ecuador, Perú y Estados Unidos.
A mediados de los años 70, Arroyo se convirtió en líder de Latin Brothers; con esta banda de trombones y violín tuvo la oportunidad de editar excelentes discos. También grabó en esa época algunos temas con la banda Los Líderes. En 1981 formó su propio grupo, La Verdad, cuyo álbum de debut se titularía Arroyando. En 1983 estuvo a punto de perder la vida debido al abuso de drogas.
En 1985 interpretó un tema en el álbum Llegaron, de la banda de Alberto Barros Los Titanes, iniciando una fructífera colaboración. Barros tocaba el trombón y contribuyó a los arreglos de algunos de los discos de Arroyo y La Verdad. Charlie Pla, hermano del líder latino e intérprete de timbales Roberto Pla, se ocupó de la percusión con La Verdad en varios de sus discos.
En 1989 actuó en el Empire Ballroom de Londres. Sus discos Fuego en mi mente (1988), En acción (1990) y La guerra de los callados (1991) se editaron en el Reino Unido a través de la subsidiaria de Island Records, Mango. El álbum Fuego en mi mente (1989) contiene un solo de piano de Chelito de Castro y varias canciones influidas por la música africana y la salsa contemporánea.